martes 27 de octubre de 2009

"La Bella Principessa" bajo sospecha de sabuesos lingüísticos.


Al margen de felicitaciones artísticas, nos preguntamos aquí por la excusa que destapó la controversia. ¿Podría esa huella ser de Leonardo? Tal como relata la información, la única manera de cotejarlo sería con otro cuadro, un San Jerónimo, donde también aparece una huella, que presuntamente se ha atribuido al mismo que firma la obra, o sea, al genio renacentista. No nos erigiremos aquí como avezados investigadores capaces de arrojar luz sobre la autoría del cuadro. En lugar de ello aprovechamos la excusa para indagar y clasificar desde una perspectiva lingüística el rastro en la escena del crimen: la huella.
¿Qué es esta huella? En primer lugar podríamos afirmar que es un signo. Según la definición aportada por Umberto Ecco un signo es todo cuanto representa otra cosa en algún aspecto para alguien. Así pues, la huella es un signo por representar un rastro humano, personal e intransferible y de carácter eminentemente visual para cualquier ser humano que tenga la capacidad de la vista, a lo que podríamos añadir inclúso, preocupaciones artísticas y, al menos para el afortunado propietario, un palpable interés monetario.
Pero podríamos concretar algo más acerca de esta huella en concreto. A la hora de clasificar los signos encontramos diversas maneras de hacerlo en función de las clasificaciones aportadas por los expertos que han trabajado en este tema, bien sea desde aproximaciones próximas a la filosofía analítica o semiótica, como Pierce o Morris y Schaff, o bien desde otras al margen de estas disciplinas (Saussure, Gadamer, Cassier). Aquí se seguirá el esquema aportado por Pierce al considerarse como el más próximo a la filosofía analítica del lenguaje, ahora en boga. Según este autor podríamos encontrar tres grandes tipos distintos de signos: icónicos, indéxicos y simbólicos. Descartamos que esta huella pertenezca a la última categoría apuntada, debido a que una huella no es convencional o arbitraria al tener solo un único significado: ser el rastro de un único individuo humano. Sin embargo cualquier huella podría ser incluida dentro de la categoría indéxica al referirse esta a aquellos signos donde se hace explícita una relación causa efecto. Así aquí la huella es el efecto o resultado de haber apoyado el dedo sobre el pergamino, como el humo lo sería de un fuego. No obstante no hablamos aquí de una huella genérica, sino de una huella particular y que presumiblemente guarda una relación de semejanza altísima con otra. Así pues el valor de esta huella no reside en su relación causa efecto directa con da Vinci, sino en relación directa con otra huella. En este caso es como si estuviesemos comparando caracteres propios de ambas huellas, del mismo modo que hacemos al comprobar el paso del tiempo a través de las fotografías familiares. De esta manera, también aquí tratamos de ver en esta huella semejanzas con otra huella de un cuadro cuya verificabilidad dactilar está supuestamente ya comprobada. La huella del cuadro recientemente titulado por Kemp como La Bella Principessa, es un signo icónico respecto a un San Jerónimo con otra huella que, a su vez, es un signo indéxico del mismísimo Leonardo da Vinci.
… pero todo eso se basa en la presunta autoría dactilar del San Jerónimo ¿Y si ni siquiera esa huella responde al genial artista renacentista?